Bici- periodista: Carlos Alberto Gómez Gamboa.
En el marco de la ponencia «Capacitación en infraestructura de ACTIVE–Países Bajos», funcionario de Chiapa de Corzo experimenta en silla de ruedas las barreras invisibles de la movilidad urbana
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, Chiapas. 13 de marzo de 2026.
El inspector Jorge Antonio López Ramos, delegado de la Guardia Vial Preventiva de Chiapa de Corzo, apoyó las manos sobre las ruedas y avanzó unos centímetros. Parecía un movimiento sencillo. Sin embargo, desde la silla de ruedas el camino dejó de ser el mismo.
La banqueta que minutos antes había recorrido caminando ahora se veía diferente. El nivel del pavimento, los bordes de concreto y las pequeñas irregularidades del suelo comenzaron a sentirse como obstáculos reales. Cada impulso exigía fuerza en los brazos y cuidado en el equilibrio.
El recorrido formaba parte de una dinámica de sensibilización realizada durante el segundo día de la ponencia «Capacitación en infraestructura de ACTIVE–Países Bajos», impartida por Alice Koopman, Constanza Gutiérrez-Torres y Roberto Ascencio en el Tercer Foro Nacional de la Bicicleta. En el ejercicio, el funcionario aceptó desplazarse en silla de ruedas para experimentar, por unos minutos, las dificultades que enfrentan diariamente las personas con movilidad reducida.
El trayecto no fue breve. A lo largo del ejercicio, el inspector recorrió aproximadamente un kilómetro. La distancia, que para muchos podría parecer sencilla, se convirtió en una experiencia físicamente exigente.
Cuando la experiencia cambia la perspectiva
Al terminar el recorrido, el inspector López Ramos reconoció que la actividad transformó la manera en que se observa la movilidad en la ciudad.
«Fue una experiencia que cambia totalmente el panorama que yo tenía muchas veces como ciudadano», explicó durante la entrevista realizada al finalizar el ejercicio, en el marco de esta capacitación internacional.
El delegado señaló que, en muchas ocasiones, quienes no enfrentan limitaciones físicas en su movilidad no logran dimensionar los retos cotidianos que viven otras personas.
«Nosotros, bendito Dios, contamos con todas las facultades, pero muchas veces no somos sensibles ni empáticos con la gente que sufre de alguna discapacidad», expresó.
La experiencia, aseguró, le permitió comprender de forma más clara los retos que implica desplazarse en condiciones que no siempre son consideradas en el diseño de las calles, incluso en el contexto de los estándares internacionales de infraestructura que se abordaron durante la ponencia.
Obstáculos que antes no se veían
Durante el recorrido por las calles de San Cristóbal de las Casas aparecieron dificultades que normalmente pasan desapercibidas.
Las banquetas irregulares, los desniveles del pavimento y las rampas mal diseñadas se convirtieron en barreras que obligaban a detenerse o buscar otra forma de avanzar.
«Me jacto de ser una persona que hace ejercicio, pero es una demanda física impresionante», relató.
Uno de los momentos más reveladores ocurrió al intentar subir una rampa que, en apariencia, estaba diseñada para facilitar el acceso.
«Me topé con una rampa cortada, no tenía el chaflán del último tramo. Entonces no sirvió de nada, no la pude subir por sí solo», explicó.
Ese tipo de detalles, que pueden parecer menores para quienes caminan, representan verdaderos límites para quienes dependen de una silla de ruedas para trasladarse.
El contraste con los modelos internacionales
La ponencia «Capacitación en infraestructura de ACTIVE–Países Bajos» aborda precisamente los estándares de movilidad y accesibilidad que han convertido a las ciudades neerlandesas en referentes mundiales en diseño urbano inclusivo.
Para López Ramos, la experiencia práctica permitió dimensionar la distancia entre esos modelos ideales y la realidad cotidiana en las ciudades mexicanas.
«Una cosa es escuchar sobre cómo se diseñan las ciudades en otros países, y otra muy distinta es sentir en el propio cuerpo lo que significa una rampa mal hecha o una banqueta que no está nivelada», reflexionó.
Una reflexión para las autoridades
Después de vivir la experiencia, el inspector consideró que este tipo de ejercicios pueden generar conciencia entre quienes participan en la toma de decisiones relacionadas con la infraestructura urbana, tanto en su municipio de origen como en otros lugares.
«Realmente es un llamado de atención a las autoridades encargadas de infraestructura para que pongan un poco más de atención a esta situación», afirmó.
La experiencia, dijo, no solo permite observar los problemas, sino comprenderlos desde una perspectiva distinta, enriqueciendo así el contenido teórico recibido durante la capacitación.
Vivirlo para entenderlo
Antes de concluir la entrevista, el delegado envió un mensaje a otros funcionarios que aún no han tenido la oportunidad de participar en una actividad similar.
«Que se den la oportunidad de vivirla para que hagamos una sola voz desde las diferentes áreas y hagamos la demanda correspondiente para dar solución a este tipo de problemática», expresó.
Para él, experimentar la ciudad desde una silla de ruedas no es solo un ejercicio simbólico, sino una forma de comprender realidades que muchas veces permanecen invisibles, incluso para quienes reciben capacitación sobre estándares internacionales de infraestructura.
La calle sigue siendo la misma
Cuando el recorrido terminó, el inspector descendió de la silla y volvió a mirar el trayecto que había recorrido minutos antes por las calles de San Cristóbal de Las Casas.
El pavimento seguía ahí. Las banquetas, las rampas y los bordes de concreto no habían cambiado. Pero después de avanzar ese kilómetro a ras del suelo, la ciudad se veía distinta, no porque hubiera cambiado el camino, sino porque, por unos minutos la ciudad fue vista desde otra altura.
Esta actividad fue impulsada por la coordinación municipal de atención para personas con discapacidad en el marco del FNB3.
Escucha la entrevista completa del inspector Jorge Antonio López Ramos:






